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PRIMER TURNO

 El tercer oficial inicia su guardia en el puente de mando. Un termo de café cargado le espera junto al parte de incidencias del oficial saliente. El barco navega por un mar envuelto en una niebla permanente. Nunca vamos a saber lo que se oculta tras el horizonte. El ruido de los motores compite con el graznido de un pájaro y el soplo incansable del viento del norte. Una vista cenital muestra la deriva del barco hacía algún punto perdido en un infinito sin conciencia. Las comunicaciones están cortadas. No hay contacto ni conexión con el mundo civilizado. No se sabe si por problemas del sistema o porque ahí fuera ha pasado algo y ya no queda nadie. Se ha ordenado proveer a la tripulación de vestuario de abrigo, e incluso facilitar algunas prendas para el pasaje. El viaje resulta ser más largo de lo previsto y el tiempo se ha enfriado. El tercer oficial observa los detalles. El plano corto nos acerca a un drama con algunos toques de comedia fruto de la coexistencia de dos sociedades ...
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ATERRIZAJE NO PREVISTO

  Si supiera cómo, le hubiera pedido perdón, pero me temo que cualquier explicación resultaba superflua. Aproveché la tregua impuesta por las instrucciones de aterrizaje del sobrecargo. Ordené mis cosas para evitar olvidar algo. No quería sumar al desgarro de la separación el bochorno de los objetos olvidados. Julia despertó, me miró y le sonreí. Pensé para mis adentros que me estaba comportando como un traidor. ¿Pero de qué iba a servir preparar el terreno con gestos desagradables? Todo drama tiene su momento y el nuestro iba a llegar en el aeropuerto del Prat. Esta vez estaba completamente decidido, se separaban nuestras vidas: tú a Boston y yo a California, o por ser menos peliculero, tú a la casa de Gracia y yo con mis padres. Ser el que toma la iniciativa del divorcio me obligaba a renunciar al domicilio común. Mala suerte. Pero a cambio, con mis padres iba a tener el frente doméstico resuelto. Nos levantamos de los asientos cuando nos llegó el turno y con los nervios por poco...

EL CONCURSO

Se ciñó el casco y lanzó una última mirada al espejo. Segura de su elegancia, fue caminando hasta el patio. Los dos tapices colgaban de los bastidores, ocultos por telas blancas. En una mesa, las sirvientas habían dispuesto jarros de agua fresca y fuentes con higos y uvas pasas. El incienso de un pequeño brasero perfumaba el ambiente. Las tres juezas esperaban de pie el momento de comenzar su trabajo; estaban acompañadas por gentes curiosas que habían acudido al acontecimiento. En un extremo del patio, su insolente competidora, sola, descalza y vestida con una vieja túnica, miraba al suelo. Se oía el ruido de los telares del taller contiguo, en el que las tejedoras trabajaban sus encargos. El ama se volvió hacia el público. Quería verlos deslumbrados por la vibrante escena representada en su obra, en la que ella misma salvaba a la ciudad del monstruo. Ordenó que se descubrieran los tapices. Cayeron las telas blancas y se escucharon exclamaciones de sorpresa. Miradas furtivas dirigidas ...

LA HABITACIÓN CERRADA

 Lo mejor es que estoy cerca del centro de la ciudad y que puedo ir a correr por las riberas del Ebro con facilidad. El piso no me gusta, para qué voy a mentir. Y los muebles, menos. Todo es muy viejo, antiguo, decimonónico es la palabra que mejor lo define. Hasta tienen una placa en el portal dedicada a un individuo que vivió por aquí. Y lo de la habitación cerrada, no tiene nombre; yo creo que no es ni legal. Pero no estoy aquí para divertirme. Tengo una tarea que cumplir. La oportunidad es inmejorable. Convocatoria de oposición con casi doscientas vacantes de golpe. Con la nota que saqué en marzo obtendría plaza seguro. Por eso he convencido a mis padres y me he venido a Zaragoza. Para concentrarme en el estudio, poder ir a la academia todos los días y no perder el tiempo con tonterías. Me engaño a mí mismo. No perder el tiempo con tonterías es sacar a Silvia de mi cabeza. En el pueblo es imposible, me la encuentro por todas partes, a ella, a su familia, al mastuerzo con el que ...

LA CASA VACÍA

El día empieza con un café amargo y la llamada de mi hermana. Le aseguro que voy a pasar por la residencia a visitar a Esteban a primera hora de la mañana para ver cómo se está adaptando. Quiero pensar que para él aquello es mejor que la soledad de la casa vacía, con los telediarios repetidos, la baraja gastada de tantos solitarios y los libros ya leídos del círculo de lectores. Cojo un taxi en la puerta del hotel que me lleva hasta un edificio que me recuerda a otros similares que hay en mi ciudad. El arquitecto debe ser el mismo. Me recibe una ordenanza que me avisa a la encargada. —Su hermano está bien. Tardará unos días en adaptarse al cambio pero aquí lo vamos a tener bien cuidado. Me lleva hasta una salita en la que Esteban está viendo la tele con otras personas de la residencia. Pienso para mis adentros que si ven la televisión a las diez de la mañana, el día se les va a hacer extremadamente largo. Esteban me sonríe. —¿Has pasado ya por casa? Mira en la cocina que dejé una bolsa...

AVENIDA CONDE ARANDA

Conozco este lugar mejor que nadie. Se lo voy a mostrar con mucho gusto. Me llamo Remigio y soy el encargado de la finca. Antes nos llamaban porteros, pero yo prefiero el nombre de encargado que tiene más lustre y viste más. Me ha pedido don Roque que le enseñe el piso que está en alquiler. Va a ver usted que está en muy buenas condiciones. Esta casa la hicieron en otros tiempos, cuando se construía de verdad, no como ahora, que te venden carísimos unos tabiques hechos con papel de fumar. Aquí usted estará céntrica, tendrá sol en el balcón por las mañanas y cerca hay paradas de autobús y de tranvía, por no decir que en el bingo de enfrente siempre hay taxis disponibles. Ya me ha dicho don Roque que usted quiere tranquilidad y estar cerca de su hija. Va a tener las dos cosas. Ya sé que en este barrio el vecindario no es como antes, eso lo va a notar. Es lo que pasa con el centro de las ciudades; se llenan de oficinas y de turistas. Pero los vecinos de esta comunidad son buena gente y no...

LA MEDIA LUNA

El joven impertinente no dejaba de hacer comentarios con su novia, una chica de ojos grandes como platos. El hombre de la silla de ruedas miraba al suelo insistentemente, como si no hubiera nada que ver. Empujaba la silla una chica muy joven y desganada que no se quitó los auriculares del móvil en toda la visita. Los tres matrimonios de turistas no paraban de hacer fotos, más preocupados por capturar la realidad que por disfrutarla. Era el segundo turno de la tarde y Magda pensaba que debía ser la luna llena, que estos grupos tan antipáticos se debían formar por un fenómeno producido más allá de lo razonable. En realidad, el atractivo del palacio residía en sus miserias. Más que la arquitectura neoclásica o las muestras de pintura romántica, lo que atraía a los visitantes era la curiosidad morbosa por los acontecimientos que ocurrieron veinte años atrás y que habían dado la vuelta al mundo en las revistas del corazón y las páginas de sucesos. —Ahora subiremos a la sala de los mapas, en...

CENIZA

 10 de octubre. El plan para el día de hoy es cumplir años. Todavía no son tantos como para empezar a preocuparme, pero empiezo a ver en el horizonte números cada vez más gruesos. Intentaré no estar pendiente de si llama Silvia. Casi prefiero que se olvide. No me apetece nada tener una conversación llena de lugares comunes y ausente de sinceridad. O, peor aún, volver a la escalada de reproches y amargarme el día. Por si no había quedado claro, dejaré constancia por escrito. Silvia y yo hemos terminado. Tampoco tengo ganas de que llame mi madre y andar dando explicaciones. La celebración principal de mi cumpleaños va a ser en el trabajo, con los compañeros, en torno a la empanada y las botellas de vino que había preparado para nuestra fiesta. 1 de noviembre. Celebramos la “Castañada” para llevar la contraria a todo el mundo. Agradezco estar con gente, porque llevo dos semanas sin tregua ni descanso. Me han encargado del “Centro de Atención al Usuario” y estoy que no paro: consultas,...

LAS CUENTAS PENDIENTES

 En la caja de las cosas perdidas hay un par de recuerdos suyos. Mi alma de café con leche se encuentra todos los años con ellos, en esa liturgia que llamamos limpieza de primavera. La tentación de esconderlos en la isla del olvido se bate con una cierta obligación de mantener la memoria. Lo llamamos mala conciencia. Sé que mi familia le traicionó. No hay paños calientes que alivien esa fiebre. Su culpa, y me recorre un escalofrío al señalar su actuación como si hubiera sido algo equivocado, fue decir la verdad. La recuerdo con las manos temblando, sujetando unos papeles, un hilillo de voz surgiendo de unos labios que apenas se movían y la mirada fija en las baldosas; llevaba los mismos zapatos que lució el día de mi boda, dos meses antes. Mi padre, el señor, como le llamaba todo el mundo, desconcertado ante esta agresión a la tranquilidad de su aperitivo, no dejaba de preguntar: —¿Pero qué dice? ¿Qué quiere Natalia?  Pero Natalia, nuestra administradora, que había tenido que ...

LA CUADRA

Al fallecer mi padre, mi madre se encargó de administrar la finca del pueblo. Viajaba desde Valencia todos los meses para controlar la situación, nos traía vino y aceite a todos los hermanos y nos contaba las novedades. —¿A qué no sabes quién ha salido elegido concejal? —me preguntó después de una de sus periódicas visitas. Se acababan de realizar las primeras elecciones municipales de la democracia, en 1979. Me preparé para una historia de política. Las cosas del pueblo siempre habían estado teñidas de oscuro desde que en julio de 1936, mis padres, recién casados entonces, tuvieron que salir escondidos en un carro para que no les mataran los rojos. A veces, de pequeño, viajaba al pueblo con mi padre, solos los dos, en uno de esos trenes de madera tirados por una máquina de vapor. Era diferente que cuando íbamos toda la familia juntos, porque él no se preocupaba de lo que yo hacía, al contrario que mi madre, que siempre estaba encima: Pero aquella vez mi madre estaba embarazada y no vi...

LA ÚLTIMA FRONTERA

 Ocurrió el día del gran apagón. Tuvimos que buscar por todas partes cosas cuya existencia apenas recordábamos: velas, cerillas, mecheros, hornillos de camping, linternas, pilas, radios analógicas. En algún momento pensamos: otra vez la pandemia. La búsqueda de material útil para un mundo a oscuras me llevó, armado con una linterna, al trastero, lugar misterioso en el que se conservan las radiografías de nuestra vida pasada. Abrí el cajón de una mesa de cocina abandonada y ahí, entre cubiertos, encontré una vieja llave que parecía buscar un lugar en mi memoria. En ese momento se oyó una exclamación generalizada y volvió la luz. Sin embargo, la tranquilidad no llegó a mi alma porque la aparición de aquel objeto me estaba encerrando en su tela de araña. Subí al piso, puse la llave sobre la cómoda y Julia la reconoció inmediatamente. —¿Vamos a ir? —dijo con voz temblorosa. —Sí —contesté— ha llegado el momento. —¿Por qué? Nos podemos quedar aquí. Nadie sabe que la has encontrado. —El p...

LA MALETA PERDIDA

 En la estación de tren hay un teléfono público que nadie usa. Es un modelo antiguo, de esos de metal y con el auricular pesado. Los viajeros pasan de largo, con sus maletas sobre ruedas y sus móviles en la mano. Pero un día, de manera inesperada, se escucha el timbre sonoro del viejo teléfono jubilado y soy yo quien lo coge. Una voz calmada que no reconozco me da unas instrucciones precisas. Debajo del aparato telefónico está pegada con esparadrapo la llave de una consigna. Ahí encontraré un billete y una maleta. Tengo que montarme en el tren y llevar la maleta a su destino. Lo primero que pienso es que voy a transportar una bomba. Que me voy a subir a un tren que va a estallar en mil pedazos conmigo dentro. Pero es difícil que la maleta contenga un explosivo porque en la entrada de la consigna hay un escáner y lo habría detectado. La maleta pesa bastante y tiene un cierre de seguridad con combinación. Imposible ver qué hay dentro y está descartado pedir ayuda a la policía. Me han...

LA MIRADA

 Hay una gran diferencia entre ver y mirar. Parece que son lo mismo y a menudo nos limitamos a ver las cosas sin desentrañar lo que tenemos delante de los ojos. Esto nos pasó a todas con Aurora. Vimos los cambios que se estaban produciendo sin sacar las conclusiones necesarias. Cuando se produjo el desastre, ya era demasiado tarde. Salía a la calle poco arreglada, de cualquier manera. Había vuelto a fumar, de hecho fumaba compulsivamente. Descubrimos que le ponía unas gotas de coñac al café, para dar alegría, decía ella. Pasaba horas en el centro comercial, mirando escaparates o sentada en una de las muchas franquicias que hace que las galerías comerciales sean iguales en todas las ciudades. Hablaba con evasivas de sus hijos y nunca nos enseñaba fotos de sus nietos. Por Carmen nos enteramos que la asistenta había dejado de ir a su casa. Todas sabíamos que Marcela era de armas tomar, pero Aurora, sola, en esa casa tan grande; era evidente que el desorden y la suciedad se iban a apod...

UN AS EN LA MANGA

 El enanito trepaba rápido por su espalda y le golpeaba rítmicamente en la cabeza con un martillo de juguete. Bip, bip, bip. Intentó quitárselo de encima con un movimiento de hombros, pero el engendro verde seguía insistiendo. Bip, bip, bip. Entonces extendió el brazo y apagó el despertador de un golpe. Las seis de la mañana. ¡Dios, a quién se le ocurre quedar tan pronto! Las sábanas salieron volando en dirección a la butaca. La calle recibió un rayo de luz al levantar la persiana. Sacó del frigorífico el plato preparado el día anterior. Una fritada de colores rojos y verdes que invitaba a pensar en un buen almuerzo. Empezó a batir los huevos siguiendo la costumbre de su madre, primero las claras y después todo junto, pero tuvo que dejar el tenedor e ir corriendo al baño a aliviarse. Siempre le pasaba lo mismo, creía que podía aguantar y cualquier día se le iba a escapar. Le ponía nervioso pensar en estas cosas. El huevo, mezclado con los pimientos, la cebolla y el calabacín, desem...

LA SESIÓN

 Me lo pensé una vez más. Estaba traicionando mis creencias, mis convicciones, pero la desesperación me había trastocado el juicio. Toqué el timbre y afortunadamente, no tuve que esperar mucho. La vidente abrió la puerta y con una sonrisa me indicó que entrara y me condujo a la estancia en que ejercía su magia adivinatoria. La oscuridad predominaba en toda la casa, en el recibidor, en el pasillo y en el pequeño gabinete en el que nos encontrábamos. Tenues luces indirectas permitían vislumbrar una decoración con abundancia de tonos malvas, figuras geométricas fractales y animales disecados. En el techo había un mapa estelar con las constelaciones dibujadas. Nos sentamos en torno a una mesa redonda en la que había una bola de cristal y una baraja de tarot francés. —¿Qué quieres saber? —me preguntó con una voz cálida y pausada. El cuerpo me temblaba. El conflicto que me aprisionaba era tan intenso que no lo podía explicar en voz alta. —Quiero que me diga por qué he sido engañada —resp...

LA MALETA

Fui sacando las cosas de la maleta. Con las prisas, había mezclado la ropa sucia con la limpia. Ahora lo iba a tener que lavar todo. En la bolsa de aseo estaba lo único que me había llevado de aquella casa: una reproducción pequeñita de la torre Eiffel que mis padres me trajeron de su viaje a París, cuando yo era pequeño. El resto lo dejé a mis hermanos. No quería saber nada de la casa, ni de los muebles, ni de las joyas, ni de las deudas. Mi padre, en los últimos días me había dicho que se debía dinero. ¡Qué cosas nos vienen a la cabeza cuando estamos muriendo! Quiso dejar en orden las cuentas y fue incapaz de reconciliarse con los suyos. —Te envía tu madre —me dijo al verme llegar. —Solo sabe que estoy aquí tu médico, es ella la que me ha llamado. —Pues qué grave debo estar. Y prácticamente ya no hubo más palabras en las dos semanas que le acompañé. Hice lo que tenía que hacer. Llamé a los demás cuando terminó todo y preparé la maleta para irme. Con las prisas, mezclé la ropa sucia c...

LOS INCAUTOS

 Era una mujer muy falsa. El fingimiento era lo suyo. Hubiera sido buena actriz. Nos engañó a todos y todavía, no se lo va a creer, pero todavía hay gente en el pueblo que piensa que ha sido tratada injustamente. Vinieron muchos periodistas durante el juicio. Yo me daba cuenta que nos miraban como a esos tontos que se creen que se regalan los duros a cuatro pesetas. Ahora se paga con euros, pero usted me entiende bien cuando hablo de duros. Su familia nunca había sido de los ricos del pueblo. Todo lo contrario. Eran gente necesitada. Se fueron a la Argentina en los años sesenta, siendo ella muy pequeña y allí, allí es un misterio como les fue, pero ella volvió con maneras de indiana, presumiendo de rica y mintiéndonos sin parar, con mucha fantasía y mucho aplomo. Pero cuando alguien engaña de esta manera yo siempre digo que hay dos partes, el mentiroso y los tontos que están deseando creer cualquier cosa. ¿Usted se cree que una mujer de un pequeño pueblo de la meseta, que se llama ...

LA FUENTE DE LOS INCRÉDULOS

 —Cuéntame. ¿Estuviste? Dímelo todo, hasta el último detalle. Jacinta interrogaba a su primo, ansiosa porque le relatara las novedades de la ciudad. Había llegado después de un largo viaje, desde Pedrola, para asistir a la boda de Josefa, la hermana de Mariano y prima de Jacinta. Pero a la joven, curiosa e instruida, le interesaban más las novedades de Zaragoza que el ajuar de boda y los detalles de la ceremonia nupcial. Y es que por todo el reino se comentaban los sucesos de los últimos días. —¿Es verdad que don Ramón llegó de pie sobre la barca capitana? ¿Le viste? ¿Qué dijo? Mariano, encantado de ser el foco de atención de su prima, no se hizo de rogar. —Toda la ciudad, salvo los muy viejos y los muy enfermos, todos estábamos en el puerto del canal. En primer lugar las autoridades, el señor Arzobispo, la Audiencia, el Cabildo y una multitud de gentes de San Pablo, Tenerías, Arrabal, las huertas. Hasta vinieron gentes de Cuarte y de Torrero. —Pero todos, todos, no estaban —dijo J...

LA MANCHA

 Le llevaron a una habitación sin ventanas. Le extrañó que en la puerta hubiera un cartel que ponía “SALA 1”, porque no se veían más salas de interrogatorios. Un policía de uniforme le dijo que enseguida vendría el encargado de la investigación. Pidió agua y se la trajeron en un vaso de plástico. Bebió un sorbo pequeño y con disimulo mojó el puño de la camisa para intentar tapar algo la mancha. Estuvo un rato esperando. Observó las paredes. No había espejos de vigilancia ni cámaras de grabación. El único mobiliario era una mesa cuadrada muy pequeña y dos sillas. Tenía necesidad de ir al servicio. —Por favor—llamó en voz alta. Insistió varias veces más, elevando el tono de voz. Dio unos golpes en la puerta. —Qué quiere —dijo, con desgana, la voz de un guardia. —Necesito ir al servicio —contestó Hilario— es urgente. —Está a punto de venir la inspectora. ¿No puede esperar? Consiguió convencer al guardia. En el baño, después de aliviarse, volvió a frotar con agua la mancha del puño de ...

UN DOMINGO CUALQUIERA

 El abuelo y yo éramos compañeros de clase en la escuela normal de Santander. En aquellos años estudiábamos muy pocas mujeres y nos poníamos todas juntas, separadas de los chicos. Pero él se acercaba a nosotras y nos daba conversación. Sin yo saberlo, se había enamorado de mí. Pero vuestro abuelo era muy tímido. No se atrevía a decirme nada y mucho menos a proponerme relaciones formales. Un día nos contó que le había gustado mucho una novela que había escrito una chica joven, que había ganado un premio importante en Barcelona. Le pedí prestado el libro y el abuelo tuvo una idea: escribió una carta en la que me proponía ser novios y la metió entre las páginas del libro. Esperó, lleno de nervios, a que en los días siguientes me encontrara la carta, la leyera y le diera alguna respuesta. Los días iban pasando y él veía que yo no le decía nada, estaba en ascuas. Mi trato con él seguía igual, como si no hubiera pasado nada. No penséis que estaba jugando con el abuelo. Sencillamente, no ...