Hoy he salido en el informativo regional de las dos. Es la segunda vez que me sacan por televisión. La primera fue por las lluvias torrenciales de hace dos años. Hoy ha sido por lo que ha pasado esta mañana en el barrio. Todo ha empezado en la terraza del bar de debajo de mi casa, a la que bajo a desayunar todos los días. No eran las ocho de la mañana y los más madrugadores ya estábamos consumiendo cafeína y noticias, después de una tórrida noche en la que había sido complicado dormir. Mientras el café se templaba, leía la prensa en el móvil. En la mesa de al lado una pareja de chicos jóvenes bebían Coca-Cola y atacaban un paquete de galletas. No lo entiendo, a esas horas comiendo porquerías. Parecían muy agradables, pero me fijé que no hablaban entre ellos. Tenían los dos unos auriculares puestos y parecía que movían sus cuerpos al ritmo de una música. En la acera de enfrente una mujer estaba sentada en la marquesina del autobús. Llevaba mucho tiempo ahí, más de cuarenta minutos....
El tercer oficial inicia su guardia en el puente de mando. Un termo de café cargado le espera junto al parte de incidencias del oficial saliente. El barco navega por un mar envuelto en una niebla permanente. Nunca vamos a saber lo que se oculta tras el horizonte. El ruido de los motores compite con el graznido de un pájaro y el soplo incansable del viento del norte. Una vista cenital muestra la deriva del barco hacía algún punto perdido en un infinito sin conciencia. Las comunicaciones están cortadas. No hay contacto ni conexión con el mundo civilizado. No se sabe si por problemas del sistema o porque ahí fuera ha pasado algo y ya no queda nadie. Se ha ordenado proveer a la tripulación de vestuario de abrigo, e incluso facilitar algunas prendas para el pasaje. El viaje resulta ser más largo de lo previsto y el tiempo se ha enfriado. El tercer oficial observa los detalles. El plano corto nos acerca a un drama con algunos toques de comedia fruto de la coexistencia de dos sociedades ...