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LA MALETA

Fui sacando las cosas de la maleta. Con las prisas, había mezclado la ropa sucia con la limpia. Ahora lo iba a tener que lavar todo. En la bolsa de aseo estaba lo único que me había llevado de aquella casa: una reproducción pequeñita de la torre Eiffel que mis padres me trajeron de su viaje a París, cuando yo era pequeño. El resto lo dejé a mis hermanos. No quería saber nada de la casa, ni de los muebles, ni de las joyas, ni de las deudas. Mi padre, en los últimos días me había dicho que se debía dinero. ¡Qué cosas nos vienen a la cabeza cuando estamos muriendo! Quiso dejar en orden las cuentas y fue incapaz de reconciliarse con los suyos.

—Te envía tu madre —me dijo al verme llegar.

—Solo sabe que estoy aquí tu médico, es ella la que me ha llamado.

—Pues qué grave debo estar.

Y prácticamente ya no hubo más palabras en las dos semanas que le acompañé.

Hice lo que tenía que hacer. Llamé a los demás cuando terminó todo y preparé la maleta para irme. Con las prisas, mezclé la ropa sucia con la limpia.



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