Ir al contenido principal

LOS INCAUTOS

 Era una mujer muy falsa. El fingimiento era lo suyo. Hubiera sido buena actriz. Nos engañó a todos y todavía, no se lo va a creer, pero todavía hay gente en el pueblo que piensa que ha sido tratada injustamente.

Vinieron muchos periodistas durante el juicio. Yo me daba cuenta que nos miraban como a esos tontos que se creen que se regalan los duros a cuatro pesetas. Ahora se paga con euros, pero usted me entiende bien cuando hablo de duros.

Su familia nunca había sido de los ricos del pueblo. Todo lo contrario. Eran gente necesitada. Se fueron a la Argentina en los años sesenta, siendo ella muy pequeña y allí, allí es un misterio como les fue, pero ella volvió con maneras de indiana, presumiendo de rica y mintiéndonos sin parar, con mucha fantasía y mucho aplomo.

Pero cuando alguien engaña de esta manera yo siempre digo que hay dos partes, el mentiroso y los tontos que están deseando creer cualquier cosa. ¿Usted se cree que una mujer de un pequeño pueblo de la meseta, que se llama Herminia, va a ser una experta en inversiones financieras?

Luego la policía nos dijo que habíamos sido víctimas de una estafa piramidal. Se lo traduzco al cristiano, engordar para morir.

A mí no, no le llegué a dar dinero porque no soy rico y sí soy prudente, pero de mi familia estafó a varios y del pueblo levantó, como se suele decir, más de dos millones de euros. Esto lo que dijeron los peritos en el juicio, porque en realidad fue más, pero ya sabe, entre la vergüenza y que parte del dinero era negro como el carbón, yo creo que fue bastante más. Y no le lucía. La veíamos por el pueblo con una imagen sencilla, no alardeaba con su ropa, sus zapatos, no llevaba joyas.

Todo lo contrario que algunos de los estafados, que convencidos de que estaban invirtiendo su dinero a unos elevados tipos de interés, se lanzaron a consumir. Que si compro un coche nuevo, que si una televisión que no cabe en el salón, que si hacemos este viaje al Caribe. Ahora el dinero desaparecido y las facturas sin pagar.

Pero cuando se miente con tanto seguridad como tenía ella, los incautos lo tienen difícil. Cada día, a las ocho, se abría el canal de inversiones en Telegram. Media hora. Ahí nos llegaban los consejos, hoy en esta criptomoneda, mañana en estas acciones, la semana que viene comprar moneda extranjera. Media hora de plazo para operar y hacer la transferencia. Y la gente se creía que invertía en una plataforma. Pon el dinero a trabajar, nos decía la individua. Se nos olvidó que el único que trabajo decente es el que se realiza con las manos.

Luego el follón, la detienen, un escándalo, viene la prensa, cogemos fama en todo el país de simples e ilusos, lo que somos, el dinero perdido, se inicia el juicio, y la palma de un infarto. Y como era la única imputada el juicio se suspende y los vecinos con dos palmos de narices. Y encima nos dicen que la enterremos aquí, que es su última residencia. Ya lo ha visto usted, una lápida sin nombre, pero todos sabemos que está enterrada ahí. En el rincón más descuidado del cementerio, orientado a los vientos del norte, una zona propicia para el olvido, aunque algunos no la olvidarán nunca.


Comentarios